martes

tiempo

Cuando me miran los perros con sus ojos inmensos me pongo triste tan triste que dejo de ser una niña y se me blanquea el pelo y la melancolía se me guarda toda en el pecho que pesado se cae con tanta fuerza que agujerea la vida y doy vueltas por el universo hasta penetrar la tierra toda y me duermo dentro llorando por los perros con sus enormes ojos tristes tristes de extrañar el bosque y la sangre tristes de querer matar y aullar la luna entera y despedazar con sus dientes toda vida y toda muerte y lloro tanto que me ahogo dentro de la tierra y salgo erupcinando en islas y me crecen árboles y llamo a los perros, para que vengan y maten y sangren, pero los perros no llegan, y me quedo sola con mis archipiélagos fracturando el mar de lágrimas que inundará mis valles sin perros ni sangre.

12:26am


te lo declaro a vos. y gozo el frenesí que fue, que es y que quizá vendrá. y me regodeo sobre todo en el gozo que permanece. porque permanece.

he dicho: caso cerrado.

lunes


Recorrió calles, pasadizos, entró incluso a casas pasando por extraños pasillos saliendo por pequeñas puertas, caminó por días por noches, caminó cuando la tarde tararea iracundos cantos de agobio y ahogo, pasó por aceras, adoquines, carreteras, calles anchas y angostas, debajo de sus pies el asfalto se agrietó, siguió y avanzó hasta que el asfalto se convirtió en roca y lastre, y luego en blando zacate, y los caminos pasaron a ser trillos angostos rodeados de árboles de descendencia incalculable y de voces profundas, y siguió caminando hasta que desaparecieron los trillos y sus pasos penetraron caminos vírgenes que en silencio se dejaron poseer por sus pies, y no se detuvo cuando el camino se convirtió en agua y entonces nadó, nadó y nadó tanto que el agua dejó de ser dulce y pasó a ser salada y se halló en aguas sin cauce, en aguas desparramadas, extendidas, en aguas inmensas, y siguió nadando con su cuerpo que se desparramaba, que se extendía, que era inmenso, y nadó hasta que murió su cuerpo, pero su cuerpo no se quedó quieto y siguió moviéndose, meneándose, y su cuerpo no cesó su baile hasta que vino a dar acá, a esta playa.
Fue un perro que jugaba con las estrellas el que lo encontró, el que se comió los dedos. Es un perro grande, viejo de tragar agua salada. Todo el mundo respeta a ese perro porque sabe escuchar a los muertos, y a veces hace cosas por ellos. No tiene dueño, de nadie aprendió a hacer esas cosas, solo las hace como si fueran órdenes. Nunca se pierde una vela, un novenario, un funeral, no es como los otros perros que andan viendo a ver qué comen, a ese perro nunca se le ha visto menear su mandíbula durante una vela, un novenario o un funeral, está inmóvil junto al cuerpo, asusta. De noche juega con las estrellas, les ladra, les aúlla, alarga el hocico como si quisiera comérselas, dicen que a veces logra morderlas y el hocico todo le brilla. Fue el perro el que sacó el cuerpo del hombre de la playa, el que lo movió tantos kilómetros y lo trajo hasta acá, hasta la puerta de esta casa, y ahí está el perro y el cuerpo todavía.

miércoles

Creo que hasta aquí llegó este blog.
 
Adiós.