viernes

gato

(el frankito estuvo en la elaboración de estos dibujos, desgraciadamente partió antes de verlos terminados, por lo tanto van dedicados al frankilín, que sacaba sus garritas y maullaba cada vez que yo tocaba la puerta de la casa, que perdía su agilidá gatuna pero ganaba por mucho simpatía y gracia con humos compartidos, con su berrinches tan atinados, al frankito que se le estraña tanto)

miércoles

de abril a abril

hace un abril lloré. pero no en mi casa. no en mis sábanas. hace un abril lloré cada baldosa mal puesta en cada banca mal puesta de cada parque mal puesto en este mal puesto país. lloré en buses caminando corriendo. nunca quieta. hace un abril la madrugada era necesidá, el silencio que le ganaba al tiempo. no la puntualidá hiriente de cada día. el mediodía me traía las primeras migajillas de pan luego apriete el paso y ríndalo. no la llenura inútil e infertil. la noche temprana era igual a desencuentro a los últimos choferes cansados. no la noche tardía negando reposos. hace un abril se me desparramó el cuerpo. hace un abril todo. todo.

lunes

confesión

se escuchaba de nuevo el dolorcito de la quebrada. desfigurándole el mediodía. el mediocuerpo. el agua deshilachada practicaba costuras entre los recovecos que el manglar de dedos insinuaba. se partía el sol como goticas de lluvia coloreando charquitos apenas tibios. eran dos tres cinco pájaros quienes dibujaban en el cielo las escasas nubes que tímidas no juntaban cuerpos. ponme la mano aquí macorina ponme la mano aquí. insistían dos tres cinco pájaros levantando calores. pero no había forma. las nubes se rozaban y tras un temblorcito se dispersaban sin ni un revolcón que desbordado se regara en toda la tierra. seca. seca la tierra que se quería del calor evaporar.
y el gemidito de la quebrada afónica de invocar caricias ajenas. desvariando. con la mirada sin centro desperdigándose entre aullidos. grave cantando. grave viviendo. grave ella. ella que sin inmutarse el cuerpo iba desuniendo cada nudo de la quebrada. peinándole el cause. agrandándoselo. sin peine le iba cambiando las partituras a la quebrada. y yo sin saber que hacer de aquel olor a mujer.
crujía. ahora crujía la tierra. iban surcándole fértiles irrigaciones de naturaleza sudorípara que le paraban los poros que sedientos avispaban sus lenguillas. reborboteaba la quebrada. como si el infierno atizara cuerpos que pegaditos en un horno se deshacían en la pasión eterna. así bullía el río. el infierno vibrándole en la espalda. ella con el peine de sus manos dilatándole toda su terrenalidá. ponme la mano aquí macorina ponme la mano aquí. y acá. y por acá. y ahí ahí ahí. se estremecía. nubes casi desdibujadas en un puro tembleque iban a fuerza de calentura arriando separaciones. como un exorcismo a tiempo iban toditos repeliendo vomitándo negando almas y erizando esa cercanía tan cutánea.

martes

la verdá del hoy

yo declaro esta noche sin viento como mentira sin ton ni son la declaro inexistente visto mis horas con impermeables para no recordarla nunca saco todos mis paraguas y me recorro el cuerpo protegiéndolo de tanta inmovilidá hoy no existe ni existió hoy consta acá que ningún río va a hablar que ningún indio va a cantar y que aunque me lloren las mismísmas cumbres del cielo para que no diluya en tinta sus pocas luces sus pocas cosquillas a mí no me va a temblar ni una pestaña al declarar desde la fibra misma de mi cáncer que esta noche sin viento es mentira delirio de algún aburrido aburrido algún niño del siglo XXI renco de imaginación hijo de madre y padre cuadrado con horarios y con más de cien canales que no desembocan en ningún mar sino que fluyen sin sentido en sí mismos y para sí mismos ay ay declaro esta noche sin viento como mentira
o me declaro a mí inexistente
me declaro mentira
ojalá brisa imaginada por el viento
(el viento que para esta noche no existe)
ay ay

jueves

náufraga

me desperté con un nido de luciérnagas entre el pecho. el manojillo de espejos inmóvil y creciendo parpadeaba. incomprensible su fuerza creadora me iba recreando canciones de esas inmutables en el tiempo de todos. embarrada de una escarcha más efusiva, más inflamable, se me fue reventando la piel las costillas. yo no puedo decir que aquel crepitar me reconstruyera los ánimos. puedo asegurar, eso sí, que ese crepitar me construyó los ánimos: iba despachando mis huesos, liberándolos de sus cargos estáticos y reacomodándolos, resolviéndolos como a un rompecabezas con piezas todas de distintos paisajes.
me hallé flotando en mi propio océano. mi sangre sin venas definiéndola se creía vertiente clarita. mis pulmones desalambrados invocaron todos los vientos que les dormían en sus bronquios bronquiolos y alveolos. mi corazón se partió en mil pedazos. las luciérnagas le arrancaron pedacitos que masticaban con sometida paciencia. les oía retumbar los pechitos cuando tragaban, adquiriendo nueva vida se quedaban quietecitas, tantéandose con las patas los tumbos.
se me fue soltando la piel, entonces. iba yo como deshojándome. y miraba mis manos marchitándose, botando petalitos y llorándolos. uno, dos, tres...pronto los diez ya flotaban melancólicos en mi océano. mis manos acunando semillas. viento, viento tráeme canción...cantaban sin guitarra sin voz. luego soltaban su líbido al aire. como soltar cuervos. como soltar palomas. a ver cual vuelve con el olivo en el útero. lloraban y cantaban más. y soltaban semillas. que en aquel huracán se iban buscando tierra firme donde pudieran penetrar o ser penetradas.
los ojos se me derritieron e hicieron sus vertientes por todo lo que fue o era mi cara. con la vista dilatada horizontal me percaté de que las luciérnagas palpitando encontraban atajos fuera de mis cavidades. ellas antes canción. ahora notas dispersas. un fa, un do, y un la estaban embobados con mi cuello. sacándole tonaditas limitadas. un sol se despedía de un mi y salía de la mano de un si a comerse el cielo, otro cuerpo. quedó un re que dejó el sostenido por un bemol. luego nada más un mi sostenidísimo que carroñero hurgaba todavía en busca de corazón. tal vez para el camino.